Embolia pulmonar / hipertensión pulmonar

La embolia pulmonar (EP) es un problema de salud pública de primer orden ya que es la tercera causa de muerte por enfermedad cardiovascular, después del infarto de miocardio y del ictus.  Es una enfermedad frecuente, y se estima que pueden sufrirla al menos 1 / 1.000 habitantes al año, aunque es probable que la frecuencia real sea mayor porque a veces no produce síntomas y no llega a diagnosticarse.

La EP se produce como consecuencia de la obstrucción de las arterias pulmonares por un trombo o coágulo que bloquea el flujo sanguíneo y que generalmente procede de las venas profundas de las piernas, afección que se conoce como trombosis venosa profunda (TVP). Al deprenderse el trombo, va viajando por la circulación venosa hasta llegar a las arterias del pulmón, donde queda alojado. La EP es la complicación más grave y frecuente de la TVP si no se diagnostica y se trata a tiempo. La mortalidad por EP oscila entre un 2-3% en los casos de presentación mas leves, hasta un10% en los casos de presentación mas grave.

 La EP puede producirse debido a la existencia de factores de riesgo que favorecen la coagulación de la sangre y la formación de trombos, aunque hay casos en los que no encontramos ningún factor predisponente (EP denominada idiopática o no provocada).

 Los factores de riesto que aumentan las posibilidades de sufrir una EP son: 

  • Fracturas de extremidades inferiores o cirugía reciente
  • Reposo en cama o inmovilización prolongada
  • Viajes prolongados (más de 8 horas)
  • Estados de hipercoagulabilidad de la sangre.
  • Cáncer y tratamiento con quimioterapia
  • Otros: obesidad importante, algunos fármacos, embarazo, varices…

Síntomas de la EP

Los síntomas de la EP son muy inespecíficos, y pueden variar mucho, desde pasar desapercibida (EP asintomática), hasta causar la muerte de forma súbita (shock). Sin embargo, en la mayoría de los casos cursa con síntomas que pueden aparecer de forma súbita o a lo largo de los días

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Disnea (dificultad para respirar, falta de aire)

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Respiración rápida

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Dolor en el pecho (sobre todo al toser o respirar profundamente)

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Aumento de la frecuencia cardíaca

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Hipotensión brusca

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Síncope

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Expectoración con sangre

Diagnóstico

Para el diagnóstico de la EP se utilizan escalas clínicas, en las que se estima la probabilidad de que un paciente pueda tenerla, combinando los síntomas que presenta, los signos a la exploración física y los factores de riesgo. Y además se deben llevar a cabo pruebas complementarias, que incluyen análisis de sangre, radiografía de tórax y electrocardiograma. Cuando el resultado de todo lo anterior nos indica que es probable que se trate de una EP, hay que confirmar el diagnóstico mediante la realización de un TAC de las arterias pulmonares (angioTAC) para detectar el trombo y valorar su extensión y su repercusión sobre el corazón.

El tratamiento de la EP consiste en administrar medicamentos anticoagulantes que ayudan a que el trombo se vaya diluyendo, pero sobre todo a prevenir que se formen  trombos nuevos. Dependiendo de la gravedad del cuadro estos medicamentos se pueden administrar inicialmente de forma intravenosa (medicamentos fibrinolíticos) o por vía subcutánea en el abdomen (heparina de bajo peso molecular). Posteriormente estos medicamentos de administran en forma de pastillas y la duración del tratamiento variará en cada persona (en algunos se puede suspender pasados unos meses y en otros se  mantienen durante toda la vida).

Síntomas de la HP

Los síntomas de la HPTEC se desarrollan lentamente y van empeorando a medida que la enfermedad progresa. Son:

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Presión o dolor en el pecho

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Síncope

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Color azulado en los labios y la piel (cianosis)

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Pulso rápido o palpitaciones

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Falta de aire (inicialmente con el esfuerzo, y con el tiempo también en reposo)

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Hinchazón (edema) en los miembros inferiores

Diagnóstico

En un pequeño porcentaje de los pacientes que sobreviven a una EP se pueden producir secuelas. La más grave es la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica (HPTEC) que puede afectar hasta al 9% de los pacientes. La HPTEC se produce cuando los trombos que impactaron en las arterias pulmonares  no se resuelven,  afectando de forma crónica a los vasos sanguíneos de los pulmones, los cuales  se estrechan y  se bloquean, dificultando el paso de la sangre a través de los pulmones y aumentando la presión en las arterias del pulmón. Debido a este aumento de presión, el corazón debe hacer un esfuerzo mayor para bombear sangre a través de los pulmones y con el tiempo, el esfuerzo adicional hace que el músculo cardíaco se vea afectado.

Hay que sospechar que exista una HPTEC cuando tras tres meses de tratamiento anticoagulante correcto el paciente sigue teniendo síntomas sin otras causas que lo justifiquen. Para el diagnóstico se necesitan una serie de pruebas, que siempre incluye la gammagrafía pulmonar de perfusión (para demostrar que la circulación del pulmón está afectada) y ecocardiografía (para poner de manifiesto la alteración del funcionamiento del corazón). El diagnóstico necesita ser confirmado con un cateterismo cardiaco derecho, que consiste en introducir un catéter por una vena de gran calibre (generalmente la vena yugular, en el cuello) para llegar hasta la parte derecha del corazón y medir las presiones en las arterias pulmonares.

La HPTEC es una enfermedad de alta complejidad en su manejo y con un pronóstico desfavorable si no se trata. El tratamiento de elección en estos casos consiste en eliminar los trombos que están obstruyendo las arterias pulmonares, bien mediante cirugía (tromboendarterectomia) o bien mediante angioplastia con balón (se introducen unos catéteres en las arterias pulmonares para eliminar la obstrucción) dependiendo de la localización de los trombos. Estos tratamientos pueden curar la enfermedad. En los casos en los que no se pueden realizar estos procedimientos, se pueden utilizar unos medicamentos que dilatan ligeramente las arterias pulmonares obstruidas (vasodilatadores pulmonares) que ayudan a mejorar los síntomas, aunque no curan la enfermedad. En casos muy severos los pacientes pueden llegar a necesitar oxigeno a diario y diuréticos, y en todos los casos los pacientes deben tomar anticoagulantes toda la vida.

 

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